historia del balonmano
El balonmano se desarrolló a partir de una serie de juegos similares, que estuvieron en vigor al comienzo del siglo xx, practicados en el centro y norte de Europa. En 1926 se estableció el Reglamento Internacional de Balonmano; en 1928 se fundó la Federación Internacional Amateur de Balonmano por once países durante los IX Juegos Olímpicos de Verano. Este organismo más tarde se convirtió en la actual Federación Internacional de Balonmano (IHF).
En la primera parte del siglo xx, el balonmano fue jugado en
el estilo de once contra once (balonmano a 11), que se practicaba al aire libre
en campos de fútbol y, de hecho, esta versión del juego sigue siendo practicada
por personas en países como Austria y Alemania.
A medida que la popularidad del balonmano comienza a
aumentar en toda Europa, empiezan a estudiarse nuevas modificaciones en el
norte de Europa, debido a su clima más frío. La necesidad de practicar el
balonmano en interior se hizo evidente. En su modalidad de interior, este
deporte se transformó en un juego más rápido y vistoso, que ayudó a que el
resto de Europa empezara a practicarlo.
En 1954, la IHF organiza el primer Campeonato del Mundo
Masculino, convirtiéndose Suecia en campeona. Tres años más tarde,
Checoslovaquia ganó el primer Mundial de Balonmano Femenino. Los escandinavos,
junto con Alemania y la antigua Unión Soviética, fueron las potencias en el
mundo del balonmano. Esto ha ido cambiando durante las últimas décadas, debido
a que la popularidad de este deporte ha aumentado en el resto de países
europeos (con excepción del Reino Unido), así como en el Norte de África,
principalmente por la influencia francesa.
El balonmano de interior y al aire libre gozaron de la misma
popularidad hasta principios de la década de 1960. En 1965 el Comité Olímpico
Internacional aprobó la modalidad de interior para que se practicara en los
Juegos Olímpicos y con el nombre de «balonmano», el cual ahora se refiere
exclusivamente al balonmano a siete. Siendo su primera participación en
categoría masculina en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 y en categoría
femenina en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976.
El balonmano es ampliamente practicado en Europa, pero aún no ha conseguido ganar popularidad en el resto del mundo: aún cuenta como un deporte minoritario y de escasa relevancia en los países de habla inglesa, en América (donde últimamente países como Brasil y Argentina han mejorado su nivel competitivo), África y Asia (continentes donde solamente es practicado profesionalmente en algunos países árabes, y en el caso del balonmano femenino por Corea del Sur y Angola). Los equipos de estos países compiten regularmente en los campeonatos mundiales y en los torneos Olímpicos.

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